HOME       OUR MISSION       APPROVALS SUPPORTERS       DONATE       CONTACT US  
PREVIOUS PROJECTS
 
2006 PROJECT LINKS
Project Details
 Register To Volunteer
 FAQ
Latest News
Fundraising Tips
PREVIOUS PLAYGROUND PROJECT: MAY 2003
It's Just The Kids, Inc and almost 60 U.S. volunteers, returned from Cuba after spending a week to build playgrounds in Havana. The project was hugely successful, thanks to the hard-working, dedicated volunteers who toiled for many hours in the hot Havana sun, digging holes, assembling equipment and pouring concrete.

< < PREVIOUS ARTICLE  
 

Inaugurado el primer parque cubano del proyecto Solo los niños

Lo impulsan ciudadanos norteamericanos de varios estados. La realidad tiene mucho de sueño en esta historia

Mileyda Menéndez

Magia, maravilla, tesón... no encuentro la palabra para explicar tan repentino cambio. Apenas me alejé una semana de Regla, y al volver quedé boquiabierta ante tantos toboganes, columpios, escaleras, y otros aparatos de llamativos colores que habían brotado de la nada en lo que fuera el sencillo parque de mi infancia.

Decir “de la nada” no sería justo: innumerables niños y adultos trajinaban aún por todas partes, regando la gravilla, levantando la cerca, dando pintura a todo el complejo, y hasta fundiendo aceras nuevas alrededor de este “cuchillo” que forman las calles Bazo, Benito Anido y Céspedes, en el céntrico barrio de La Verdolaga. “¿Viste que lindo está quedando...? se acercó radiante Anita (Ana Luisa Colás, asesora de la Asamblea Municipal del Poder Popular para las Relaciones Internacionales). En los municipios de Plaza y de Marianao se están haciendo dos parques más, pero esta es la sede del proyecto, porque Bill y sus compañeros están fascinados con nuestra población... y nosotros con ellos, la verdad”.

EL PROYECTO
“Bill”, para todos sus amigos en Cuba, es William Hauf: un respetable propietario de bienes raíces en Estados Unidos. Ha venido a esta Isla 36 veces, y cada vez le gusta más, especialmente los niños. A tal punto que les ha dedicado a ellos sus ganancias a través del proyecto It‘s just the kids (Solo los niños), en el que se han involucrado voluntariamente 58 personas de todos los estados de la Unión, y se han empleado más de 250 000 dólares. Desde hace años tenía pensado donar este trocito de felicidad a los pequeños capitalinos, pero debió esperar por la licencia que concede el Departamento del Tesoro para viajar a Cuba con fines humanitarios, sobre todo por ser un grupo tan numeroso de norteamericanos.

Cuando la tuvo, no perdió tiempo: comprar los equipos, organizar las vacaciones de todos los participantes, chartear un vuelo... infinidad de tareas fueron vencidas, y el sueño finalmente rindió sus frutos, para alegría también de los habaneros. “Afortunadamente no ha llovido... parece que hasta el clima quiso ayudar en este proyecto, acotó, divertido. Los cubanos han trabajado mucho... nunca había visto nada igual en los otros lugares que he visitado con estos fines”. Sobre la elección de la sede apuntó: “En Cuba tengo muchos amigos muy buenos... pero en Regla vive la mamá de uno de ellos que es muy especial para mí. Es una señora de 93 años, y por conocerla a ella llegué a este poblado y a este parque, que me pareció maravilloso con sus árboles y su comunidad... por eso lo escogimos para empezar entre las diez propuestas que nos hizo el gobierno de la ciudad. “Si algo les recomendamos a los cubanos para después de terminadas las otras dos áreas, es que les siembren árboles frondosos como estos, para que den sombra a los niños mientras juegan”, precisó.

LOS PROTAGONISTAS
Ashley y Kimberly tienen seis años. Además del trabajo en los parques, la entrega de material escolar recogido por ellas en sus aulas para los alumnos de la primaria Frank País, de Regla, y el intercambio de dibujos con otros niños, lo que más les gustó de Cuba fue el helado Coppelia, sobre todo el de chocolate, más dulce y cremoso que el que suelen tomar en su país. Ambas son inquietas, y defienden sus opiniones con mucha seriedad. Pero si en algo coincidieron de inmediato fue en el uso de la palabra feliz: para hablar del proyecto, de sí mismas, de los chiquillos cubanos conocidos... de esta semana inolvidable que les cambió la vida.

Kimberly, más tímida en la conversación, se apoyaba en Stephany, una de las jóvenes voluntarias, la “Nana” de esa noche de jueves para que los padres pudieran disfrutar algo del espectáculo nocturno en la ciudad, luego de varias jornadas de entrega al trabajo. Ashley, más dispuesta y curiosa, me habló despacio, para asegurarse de que transmitiría a los niños cubanos su mensaje: “Tengo muchas cosas maravillosas que contar de este país a mis amigos cuando regrese a casa... ya lo verán”. Debra, madre de la primera, y Dale, padre de la segunda, se ganaron por amplio margen el derecho a traerlas, según cuenta Bill, porque fueron de los más activos en las gestiones previas al viaje, y en el contacto personal o por vía electrónica con las organizaciones e individuos interesados en hacer algo bueno por Cuba. Esa voluntad hacia el prójimo es el único factor común en este grupo heterogéneo de obreros, maestros y estudiantes; de jóvenes y mayores que alcanzan hasta 66 años; de seres venidos del norte, el sur, y otros confines de Estados Unidos.

“Son muchas las personas en Estados Unidos que desean lo mejor para los cubanos, muchas organizaciones que quisieran trabajar para este pueblo, para estas familias tan amorosas...”, apuntó Bill. “Por eso respondieron muchos voluntarios a la convocatoria, algunos con dinero, la mayoría con su presencia, sensibilizados con la idea de hacer algo por mejorar las relaciones entre ambos países... El hecho de que vivamos en Estados Unidos no cambia nuestra admiración por esta nación tan voluntariosa y afortunada.” Un grupo de ellos volverá en un par de semanas, a terminar el parque de Marianao, que no estará listo antes de la partida, porque es necesario esperar a que funda bien el hormigón para darle el acabado.

En el caso de Bill, no será el último viaje, y tal vez para muchos de los otros tampoco, por la forma en que han disfrutado la ansiedad de los niños por ver listo el nuevo regalo.

LOS REGLANOS
Las direcciones de Servicios Comunales de Regla y de la provincia se tomaron este asunto muy a pecho, porque era un anhelo acariciado largamente. Así lo afirmó Antonio Blanco, Tony, el director municipal de la entidad, un obrero más por estos días.

Desde el pasado sábado no abandonaron la faena, contagiados con el entusiasmo de la tropa de Bill. La noche del miércoles para el jueves no pararon hasta casi las tres de la mañana, y a esa hora muchos de los trabajadores durmieron en la propia obra, para no perder tiempo en regresar a sus casas. Pero Guillermo Díaz, jefe de esta brigada meteórica, prefiere hablar de la ayuda infantil del vecindario, porque para sus hombres el mucho trabajo ya no es novedad: “Hay un grupito que desde el principio se ha pegado serio, formal... cargan arena, llevan carretillas, hacen guardias... ¡Son increíbles!”, dijo, señalando a Conrado, Yusmiel, Richard y Lipinski, entre los más constantes. Varios muchachos de la Escuela de Oficios del territorio, como Gerardo y Darián, hicieron aquí sus prácticas, y fue muy estimulante ver a los tutores desarrollarles las habilidades con paciencia, a pesar de la premura del proyecto. Los curiosos que no pudieron trabajar por ser muy pequeños merodeaban todo el tiempo, ansiosos de que llegara el viernes. “Con este parque aquí ya no voy a jugar más en la calle...”, decía Yunior. “Oye... si esto está riquísimo... y fíjate que los norteamericanos me dijeron que se sentían mejor en Regla que en el hotel por las noches”, afirmaba José Ignacio, dándose importancia frente a una vecina incrédula: “¿Y tú cómo lo sabes, si no hablas inglés...?” “Pero los entendí... y además... me basta con ver lo que han hecho.” Se alejan corriendo de mis preguntas. Un constructor les llama la atención, pero nadie les quita ya la gloria del preestreno de los aparatos.

“¿Ya viste el mural del fondo?, pregunta Tony. “Ellos mismos lo pintaron esta mañana... parece que les gusta mucho hacerlo, porque les quedó muy bien... son increíbles...”, dice mientras lo muestra, y luego continúa trabajando. Del alegre muro brotan flores, vuelan globos, saltan sombreros... Sobrepuesta a los dibujos me saluda una palabra pintada en azul cielo, justamente la que andaba buscando: solidaridad.

     
< < PREVIOUS ARTICLE